1. berenjeneando

compro una manzana para comérmela al borde del lago. al momento de acercarla a mi boca abierta decidida a morderla, me confundo de sentido y, frustrado el gusto, es la vista la que se deleita. la veo. perfecta división: mitad verde, mitad roja. pienso en los semáforos. pienso en mis ojos verdes que se enmarcan de rojo al entrar en contacto con un insignificante grano de polen. pienso en mis pantalones verdes y en mi cara roja después de hacer ejercicio. me pregunto si debo empezar a comerla por el lado rojo o el verde. me pregunto cuántas semillas tiene. mientras más me dejo llevar por la filosofía de la manzana, su tamaño empieza a crecer a mis ojos; siento que su peso se vuelve insoportable y la siento junto a mí, sobre la banca verde. juntas empezamos a ver el lago…


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