| compro una manzana para comérmela al borde del
lago. al momento de acercarla a mi boca abierta decidida a morderla,
me confundo de sentido y, frustrado el gusto, es la vista la que se
deleita. la veo. perfecta división: mitad verde, mitad roja.
pienso en los semáforos. pienso en mis ojos verdes que se enmarcan
de rojo al entrar en contacto con un insignificante grano de polen.
pienso en mis pantalones verdes y en mi cara roja después de
hacer ejercicio. me pregunto si debo empezar a comerla por el lado
rojo o el verde. me pregunto cuántas semillas tiene. mientras
más me dejo llevar por la filosofía de la manzana, su
tamaño empieza a crecer a mis ojos; siento que su peso se vuelve
insoportable y la siento junto a mí, sobre la banca verde.
juntas empezamos a ver el lago
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